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Por qué la transición energética no avanza al mismo ritmo en todos lados

Ajuste quincenal en combustibles en El Salvador impacta el bolsillo y exige planificación del gasto

La transición energética —el cambio desde sistemas basados en combustibles fósiles hacia fuentes limpias y electrificación— progresa de forma evidente a escala global, pero su ritmo es heterogéneo. Esa desigualdad responde a una combinación de factores económicos, técnicos, políticos, sociales y geográficos. A continuación se analizan las causas principales, se ilustran con datos y ejemplos nacionales y regionales, y se plantean vías que explican por qué algunos lugares avanzan muy rápido mientras otros apenas cambian.

Aspectos económicos y financieros

  • Coste del capital y capacidad de inversión: los proyectos renovables requieren inversión inicial elevada y dependen del acceso a financiación a bajo coste. Países con mercados financieros desarrollados y políticas de apoyo atraen inversión privada; en países en desarrollo el coste del capital es mayor y la inversión internacional pública aún es insuficiente.
  • Subsidios y precios relativos: los subsidios directos e indirectos a combustibles fósiles distorsionan la competencia. Organismos multilaterales han estimado que esos subsidios se sitúan en varios billones de dólares anuales, lo que reduce el incentivo económico para desplegar renovables.
  • Costes en descenso pero heterogéneos: los costes de la energía fotovoltaica y eólica terrestre han caído de forma notable en la última década; sin embargo, el precio final para el consumidor depende de costes de transporte, impuestos y estructura de mercado, lo que hace que en algunos mercados las renovables sean menos competitivas.

Limitaciones técnicas e infraestructurales

  • Redes eléctricas insuficientes: la incorporación extensa de renovables variables exige infraestructuras más adaptables, una interconexión más amplia y mayores inversiones en almacenamiento. Las zonas donde predominan redes envejecidas o con escasa conexión, como amplias áreas de África o diversas islas, se topan con obstáculos técnicos de gran relevancia.
  • Almacenamiento y gestión de la variabilidad: aunque los costes de baterías y alternativas como hidrógeno o sistemas de bombeo han disminuido, su adopción a gran escala continúa restringida por los precios y por la limitada capacidad de las cadenas de suministro.
  • Suministro de materiales críticos: las baterías y otras tecnologías limpias dependen de litio, cobalto, níquel y tierras raras, cuya extracción se concentra en pocos países. Esta concentración provoca dependencias geográficas, estrangulamientos en el abastecimiento y riesgos de carácter geopolítico.

Aspectos políticos y normativos

  • Estabilidad y claridad normativa: la inversión de largo aliento requiere marcos regulatorios firmes y previsibles. La sucesión de ajustes en tarifas, tributos o incentivos públicos termina frenando numerosas iniciativas. Por ejemplo, modificaciones en primas o variaciones impositivas han dejado en pausa diversos parques renovables en distintos países.
  • Intereses económicos establecidos: sectores como el carbón, el petróleo y el gas, respaldados por considerable influencia política, pueden bloquear transformaciones, fenómeno visible en zonas cuya economía depende del trabajo minero.
  • Diseño de mercado y remuneración: cuando los mercados eléctricos recompensan de manera insuficiente la flexibilidad o imponen desventajas a la generación distribuida, disminuye la adopción local de energías renovables.

Dinámicas sociales y características territoriales

  • Aceptación social y conflictos locales: oposición vecinal a infraestructuras (por ejemplo, turbinas eólicas en zonas rurales o líneas de transmisión de alto voltaje) puede paralizar proyectos. En contraste, modelos de propiedad comunitaria (como cooperativas en Dinamarca) impulsan la implantación.
  • Desigualdad en acceso a la energía: en áreas donde falta acceso universal a electricidad, el reto inmediato es garantizar suministro fiable; eso puede priorizar soluciones convencionales o energías locales sin escala alta.
  • Capacidades técnicas y formación: países con mano de obra y universidades orientadas a tecnologías limpias pueden desplegar proyectos más rápido.

Entorno geográfico y riquezas naturales

  • Variación en recursos renovables: la radiación solar, el recurso eólico y la disponibilidad hídrica varían geográficamente. Regiones con alto recurso solar o eólico tienen ventaja natural, mientras que otras dependen de soluciones más costosas o híbridas.
  • Dependencia de hidrocarburos para ingresos fiscales: economías que obtienen gran parte de su presupuesto de exportaciones de petróleo o gas tienen menos incentivos fiscales para acelerar la transición.
  • Vulnerabilidad climática: paradosis como sequías prolongadas pueden afectar países dependientes de la hidroeléctrica (ejemplo: Brasil o países andinos), obligando a recurrir temporalmente a térmicas contaminantes.

La geopolítica y las cadenas de suministro

  • Concentración industrial: la producción mundial de paneles solares, baterías y vehículos eléctricos está dominada por pocos países. China, por ejemplo, lidera la fabricación de paneles, celdas y baterías, lo que da ventajas de costes pero genera dependencia para otros mercados.
  • Impacto de crisis internacionales: la guerra en Ucrania y tensiones comerciales han mostrado que las crisis pueden reconfigurar prioridades energéticas: algunos países han acelerado renovables por seguridad, otros han vuelto temporalmente a carbón por la urgencia de suministro.

Ejemplos contrastantes

  • Noruega: alta adopción de vehículos eléctricos gracias a incentivos fiscales, infraestructura de carga y políticas públicas coherentes; las ventas de vehículos eléctricos nuevos superaron el 80% en años recientes.
  • China: combina gran expansión de renovables con mantenimiento de alta generación térmica; lidera producción de paneles solares y baterías, lo que impulsa costos globales bajos pero mantiene intensa demanda de carbón para asegurar suministro.
  • Alemania: su «energiewende» impulsó renovables y eficiencia, pero la salida del nuclear y dependencia de gas llevó, tras la crisis de 2022, a reactivar parte de la generación fósil y a acelerar compras de gas licuado, mostrando tensiones entre objetivos climáticos y seguridad energética.
  • Polonia y ciertas regiones de Europa del Este: dependencia muy alta del carbón por razones de empleo y estructura industrial; la transición exige políticas de reestructuración laboral y compensaciones para comunidades afectadas.
  • África subsahariana: potencial solar notable pero falta de inversión, redes fragmentadas y acceso limitado a financiación a largo plazo ralentizan despliegues, aunque la energía solar distribuida y minirredes ofrecen soluciones crecientes.

Lo que realmente impulsa la transición: aprendizajes prácticos

  • Señales políticas claras y estables: objetivos ambiciosos, marcos regulatorios predecibles y calendarios de desmantelamiento de fósiles reducen incertidumbre.
  • Financiación des-risked: garantías públicas, asociacion público-privadas y mecanismos para reducir el riesgo de proyectos en países en desarrollo atraen inversión privada.
  • Inversión en redes y almacenamiento: modernizar redes, aumentar interconexión y desplegar almacenamiento permite absorber más renovables.
  • Justicia social y transición justa: programas de reconversión laboral, inversión en regiones dependientes de combustibles fósiles y consultas comunitarias facilitan aceptación.
  • Desarrollo de cadenas locales: fomentar industria local de componentes ayuda a crear empleo, reducir vulnerabilidad y bajar costes en el largo plazo.

Retos aún por resolver y aspectos prioritarios

  • Escalar financiación climática: las transferencias y garantías internacionales siguen siendo insuficientes frente al volumen de inversiones necesarias en países de bajos ingresos.
  • Mitigar riesgos de materias primas: diversificar suministros, aumentar reciclaje y desarrollar alternativas tecnológicas reduce cuellos de botella.
  • Alinear seguridad y clima: diseñar políticas que combinen independencia energética con reducción de emisiones, evitando soluciones cortoplacistas que perpetúen combustibles fósiles.

Para lograr un progreso equilibrado resulta esencial articular políticas nacionales consistentes, asegurar una financiación suficiente, actualizar las infraestructuras y considerar el componente social de la transición. Cuando estos elementos se alinean —definición de normativas estables, disponibilidad de capital accesible, impulso a la industria local y participación activa de las comunidades— la expansión de la energía limpia avanza con mayor rapidez; si alguno de ellos falta, el desarrollo se ralentiza o aparece desordenado. La experiencia demuestra que esta transformación va más allá de lo tecnológico: constituye un proyecto económico y político que requiere coordinación entre actores locales, nacionales e internacionales para transformar los recursos naturales potenciales en beneficios concretos y duraderos para la sociedad.

Autor

Por Grace O’Connor

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